Las coplas de la velada
- Luis José Mata

- hace 4 horas
- 2 Min. de lectura
Todo lo que se lee modifica a quien lee.
Marisela ha sido leída durante cien años.
Luego, Marisela modifica a quien la lee.
Karla no subrayó esa conclusión. La dejó caer sin comprobarla del todo. Cerró el libro, pero no sintió que hubiera terminado nada.
La habitación estaba en orden.
Más de lo necesario.
Volvió a abrir el libro. No buscaba una escena. Buscaba una forma de estar.
Leyó sobre la velada.
El fuego, el ganado, los hombres que hablaban sin levantar la voz, como si el silencio mandara más que ellos.
Levantó la vista.
Y entonces —sin decidirlo— dijo:
En la orilla de la noche
nadie sabe quién vigila,
el ganado pisa sombra
y la sombra no termina.
No le sorprendió haberlo dicho.
Le sorprendió que no hubiera tenido que pensarlo.
Karla no sabía si aquello era una copla.
Tampoco sabía si alguien la había dicho antes.
Pensó —sin afirmarlo— que hay palabras que no se inventan.
Se atraviesan.
Como si hubieran estado esperando una voz que no las detuviera.
No volvió a escribirla.
No hacía falta.
Siguió leyendo.
No para entender, sino para mantenerse dentro de ese ritmo que no pertenecía del todo al libro.
La habitación no había cambiado.
Pero algo en su manera de estar dentro de ella sí.
Pensó —sin terminar la idea— que hay lugares que no se recorren.
Se quedan.
Y entonces dijo, más bajo:
El que cruza la llanura
cree que la va dejando,
pero el llano se le queda
por dentro, sin avisarlo.
Karla cerró los ojos.
No vio nada.
Pero tuvo la certeza de que esa frase no venía del texto.
Tampoco venía de ella.
Cuando cerró el libro, lo hizo con cuidado.
Como si, dentro, hubiera quedado algo que no debía interrumpirse.
No pensó en Marisela.
Pensó en lo que permanece cuando nadie está mirando.
La habitación seguía siendo la misma.
Pero ya no era suficiente.
Karla no encendió la luz.
Y entonces —casi en un susurro— dijo:
No es la tierra la que guarda
lo que el tiempo desordena,
es la grieta de la noche
la que aprende lo que queda.
Después no dijo nada más.
No porque no pudiera.
Sino porque entendió que algunas cosas no se continúan:
se dejan.
Nota: "Esta es la publicación 93. Creo que llegaré a 95 y el "blog" pasará a dormir por un rato. Esperando o soñando que muchos lectores deseen leer estas menudencias."





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